MATERIALES PARA LA CONSTRUCCIÓN DE CHILE

El sobre amarillo se ha convertido en un ícono de la migración haitiana en Chile. A través de un video viralizado por redes sociales se difundió la imagen de decenas de personas descendiendo de un avión sin logo y portando el mencionado sobre. Posteriormente, se dio a conocer que éste contenía todos los documentos necesarios para ingresar a Chile en calidad de turista, los que habían sido tramitados por agencias que hasta hoy operan al margen de la ley y cuyas prácticas han dejado en total indefensión a quienes han llegado a través de ellas, develando toda una red de tráfico de migrantes.

Ya sea por la precariedad en la que llegan los haitianos, la diferencia idiomática o su color de piel en medio de una sociedad pretendidamente homogénea, este grupo ha despertado toda clase de estrategias de segregación, desde los odios raciales más brutales hasta sutiles formas de amedrentamiento, estas últimas escudadas en discursos políticamente correctos y mimetizadas con una moda progresista transversal e irreflexiva, sobre la cual la obra “Materiales para la construcción de Chile” invita a reflexionar.

Hoy en día las teorías raciales y sus diversas implicancias, desde la colonización hasta los genocidios, son ampliamente condenadas. No obstante, las lógicas racistas aún subsisten como prácticas de exclusión social, amparadas en nuevos recursos discursivos que estigmatizan la alteridad, ahora desde la cultura y ya no desde la biología. Así, el racismo se habría adaptado al progresismo contemporáneo, sustituyendo las categorías fisiológicas por el determinismo cultural, donde la herencia biológica ya no supondría la superioridad de ciertos grupos respecto de otros, sino que el foco estaría puesto en las insalvables diferencias culturales y en el perjuicio de la pérdida de las tradiciones identitarias.

De esta manera, el neorracismo, o hiperculturalismo, continúa naturalizando las diferencias entre los grupos sociales y, a través de ellas, justificando la marginación de las consideradas minorías. Esto último permitiría a su vez la racialización de la mano de obra, asignando características étnicas, e incluso nacionalidades específicas, a determinados nichos laborales, generalmente precarizados y/o proclives a la explotación.

En este contexto, la exposición cuestiona el concepto de migración económica, que interpreta el influjo de nuevos grupos sociales exclusivamente como agentes de activación o recesión del sistema mercantil. Así, el común denominador entre estas miradas aparentemente contrapuestas sería, en primera instancia, la instrumentalización de las formas de vida de dichos individuos y, posteriormente, la objetualización de los mismos.

“Materiales para la construcción de Chile” obliga a reflexionar sobre las categorías que relativizan los límites de lo humano, cuáles son las características que hacen que un individuo se constituya en una persona y por qué elegimos interpretar a otros bajo parámetros distintos. Pareciera ser que es más sencillo o conveniente pensar a los migrantes como un colectivo indiferenciado y, por ende, deshumanizado, cuyos derechos están sujetos a interpretación y sobre los cuales es posible argüir razones de índole económica, amparadas en el debate de una fingida búsqueda del bienestar social para todos.

Francisca Rojas Pohlhammer